¡

Horarios

 

Prevención y control

de enfermedades

 

La actividad física moderada es una de las maneras más sencillas de mejorar la salud y mantenerse sano, la práctica habitual de ejercicios tiene el potencial de prevenir y controlar ciertas enfermedades y aumentar el nivel de energía.

Según la OMS la inactividad física ocupa el cuarto lugar entre los factores de riesgo de todas las defunciones a escala mundial, y el 31% de la población del mundo no realiza ninguna actividad física.

Según las nuevas recomendaciones, a partir de los 18 años, un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada puede reducir el riesgo de padecer enfermedades no transmisibles, en particular cánceres de mama y colon, diabetes y cardiopatías. Entre los 5 y los 17 años, un mínimo de 60 minutos de actividad física entre moderada e intensa puede proteger la salud de los jóvenes y, a su vez, reducir el riesgo de padecer esas enfermedades.

¿Pero qué pasa cuando una persona ya padece de algunas de estas enfermedades? Debe seguir adelante con el objetivo de mejorar su bienestar.  En la medida de sus posibilidades,  con recomendación médica, cuidado y supervisión del profesor de gimnasia debe continuar su actividad física, siempre adaptándola a sus características personales y a su problema de salud. 

Los que padecen de problemas de salud cardiovascular tienen una obstrucción de los vasos sanguíneos, de modo que la sangre pasa con más dificultad por las venas y arterias, a causa de la acumulación de sustancias en las paredes o por falta de elasticidad, lo que normalmente provoca una tensión arterial alterada.

En el caso de las personas con este tipo de problemas debe ir con cuidado a la hora de hacer actividades ya que, el hecho de exigir un trabajo más intenso del sistema cardiovascular puede provocar más fácilmente accidentes de salud graves, a causa del aumento significativo del número de latidos y de la tensión arterial. 

El realizar actividades físicas les permite mejorar el rendimiento cardíaco, la frecuencia cardíaca, la tensión arterial, la vascularización del miocardio (músculo del corazón), lo que eso provoca que le llegue más sangre y que el corazón trabaje mejor.  También mejora la vascularización de los músculos, es decir, el ejercicio provoca un incremento en el número de capilares que además aumentan la capacidad de transporte de sangre, favorece la circulación, al retorno venoso (cuando la sangre hace el camino de vuelta hacia el corazón por las venas) y sobre todo ayuda a combatir y prever algunos de los factores de riesgo de los problemas de salud cardiovascular, como la obesidad, el estrés y la hipertensión arterial.

Se debe dar importancia a los ejercicios que impliquen un trabajo muscular general, en cuanto a la intensidad de la actividad física debe ser entre ligera y moderada sin esfuerzos extras y atentos a las reacciones del cuerpo.

En el caso de las personas que tienen diabetes la actividad física le permite que la insulina funcione mejor dentro del cuerpo y por lo tanto se necesita menos cantidad de esta sustancia. Pero para llevar a delante una actividad física la glucemia debe estar dentro de los parámetros considerados normales, en el caso de que se tenga que administrar insulina, se debe inyectar en la parte corporal que menos se utilice, por ejemplo alguien que va a andar en bicicleta puede inyectársela en el abdomen o en el brazo.

También se recomienda aumentar la ingesta de hidratos de carbono y disminuir la dosis de insulina para evitar la aparición de la hipoglucemia. Por más que se tenga estas precauciones es recomendable llevar siempre encima algunos glúcidos de absorción rápida como ser sobres de azúcar o caramelos.

Si la persona diabética no tiene ningún otro problema de salud, en general puede practicar cualquier tipo de actividad física, teniendo en cuenta que es mejor evitar las actividades vigorosas, ya que pueden provocar un aumento de la glucemia. 

En el caso de los diabéticos que se encuentren en la etapa del ciclo vital de la adultez y vejez, es recomendable que hagan actividades generales y que no sobrepasen los sesenta minutos continuados de esfuerzo, ya que aumentaría el riesgo de hipoglucemia. 

En cuanto a los más jóvenes, es necesario seguir favoreciendo la actividad física espontánea pero controlando a menudo la glucemia. 

En todos los casos es recomendable hacer una actividad física diaria dentro de las mismas franjas horarias, de modo que se pueda compaginar con la dieta y, si es el caso, con la administración de insulina (se debe evitar la actividad física considerable durante el pico de acción de la insulina). 

En el caso de los problemas de salud respiratorios se caracterizan por una disminución de la actividad pulmonar, es decir, no llega suficiente oxígeno a la sangre, en el caso de la EPOC (bronquitis crónica y enfisema pulmonar), a causa de una lesión alveolar, y en el caso del asma, por una inflamación de los bronquios. 

La persona que tiene estos problemas de salud  en una actividad física la fatiga llega más rápido ya que absorben menos oxígeno del necesario.
 
Los que padecen de este tipo de problema deben hacer un esfuerzo para realizar actividades físicas ya que mejoran la respiración durante el esfuerzo, la persona se habitúa a respirar durante el desarrollo de la actividad física, lo cual evita problemas como la hiperventilación; mejora la fuerza y la resistencia muscular, mejora el transporte de oxígeno y provoca mejoras psicológicas en cuanto a la autoconfianza y a no temerle a las actividades físicas evitando reacciones no deseadas del sistema respiratorio.

Como norma general, la intensidad a que se puede llegar a desarrollar la actividad es aquella que suponga una pequeña dificultad respiratoria, pero si la dificultad es importante, habrá que optar por disminuir la intensidad de la actividad o incluso para interrumpirla. 

Se recomienda hacer un ejercicio físico constante entre veinte y treinta minutos, que pueda mantenerse durante un tiempo prolongado y que implique la actuación de grandes grupos musculares aunque  para empezar se puede dividir el tiempo de trabajo

También es necesario tener en cuenta que normalmente la adaptación a la actividad física es mayor si se evitan las inclemencias meteorológicas, en casos de demasiado frío, calor, humedad, clima seco, etc.

En el caso de los problemas de salud óseos y articulares muchas veces, la artrosis y la osteoporosis son debidas o agravadas, entre otros factores, por la debilidad muscular y las malas posturas o desequilibrios corporales, las cuales son consecuencia de una actividad física insuficiente o inadecuada. 

Por ejemplo, una persona que tenga la musculatura del cuádriceps floja (parte anterior del muslo) tiene más probabilidades de sufrir artrosis porque la tensión entre los huesos de la rodilla es más elevada. Asimismo, una persona con hiperlordosis lumbar tiene más probabilidad de sufrir artrosis en las vértebras porque hay demasiada tensión en la parte posterior de las vértebras lumbares. 

Es importante que las personas que tengan este tipo de problemas de salud consulten a un profesional antes de realizar cualquier actividad física ya que si se realiza de una forma inadecuada puede agravar los problemas de salud óseos y articulares, mientras que si es adecuada puede mejorarlos de forma considerada a pesar de que se haga de manera general.

Cada caso requiere de una actividad diferente, por ejemplo, para una persona con artrosis en la rodilla que tenga un peso saludable es beneficioso caminar media hora (según el grado de afectación de la artrosis, el calzado, el terreno, el nivel de fuerza, etc.); en cambio, para alguien con el mismo grado de afectación de la artrosis pero con obesidad, es mejor la bicicleta estática, la piscina o caminar menos rato, ya que el mismo ejercicio le puede empeorar el problema de salud. 

La realización de ejercicios hace que frene el deterioro del problema de salud, aumenta la densidad ósea, el aumento de la tensión muscular,  favorecen la formación de células óseas aumentando la densidad ósea,  aumenta la movilidad articular favoreciendo la circulación en las articulaciones y disminuye otros factores de riesgo  evitando sufrir lesiones como fracturas o rotura de partes blandas como meniscos ligamentos, etc.
  
Una persona con un problema de salud óseo o articular puede hacer ejercicio físico a la intensidad que quiera siempre y cuando no afecte directa o indirectamente la parte afectada.

Se debe que trabajar todas las cualidades físicas a un nivel similar, y utilizar tanto los ejercicios generales, para trabajar el cuerpo de manera equilibrada, como los específicos para ayudar a corregir los desequilibrios que pueda haber. 

El dolor de espalda es uno de los problemas de salud más habituales, sobre todo en la adultez y la vejez. Es el dolor en la parte posterior del tronco, resultado de una rigidez muscular excesiva provocada por diversos factores. 

Generalmente el dolor de espalda afecta la zona lumbar, ya que es la que soporta la mayor parte del peso corporal, pero también se puede tener en la zona dorsal y cervical. Además, no siempre la misma situación provoca dolor de espalda, ya que la probabilidad de que aparezca depende también de la condición física, del peso corporal y de la actividad laboral. 

Para ellos desarrollar actividad física hace que les reequilibre la musculatura, mejora los factores desencadenantes, favorece la higiene postural, previene le dolor de espalda agudo y previene el dolor de espalda crónico.
  
Puede practicar actividad física normalmente dependiendo de la edad, siempre que no se utilicen los músculos afectados. A pesar de ello, es preferible la intensidad ligera y moderada, ya que si es demasiado elevada es fácil que la mayoría de personas pueda tensar los músculos de la espalda aunque no intervengan en la acción. 
En cuanto a la musculatura afectada por el dolor de espalda, en el caso de que se trate de un dolor agudo, es mejor no hacer ninguna actividad física en que tenga que intervenir el tronco (a intensidad insignificante no existe ningún problema, siempre y cuando no se trate de una actividad demasiado prolongada). Si el dolor es debido a un problema de salud crónico y no hay una inflamación muscular importante, la espalda puede hacer actividad física a intensidad ligera. 

Claramente cada una de las personas deberá tratarse con un profesional para que le recomiende su actividad física dependiendo de su problema y características.